Sin Lugar a Dudas

La Responsabilidad de los padres por las Vocaciones Religiosas

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Existe una gran necesidad especialmente en estos tiempos por una profunda convicción que sin excepción tiene la gracia y responsabilidad de velar por las vocaciones. El trabajo de fomentar las vocaciones es de toda la comunidad Cristiana. (San Juan Pablo II)

Recientemente me topé con un artículo de una revista Americana llamada Conrad N. Hilton Foundation, el titulo era, “Sisters to all” “Hermanas de todos”. El artículo hablaba acerca de las hermanas religiosas y del impacto positivo que hacen con su admirable trabajo en la Iglesia Católica hoy en día.

El articulo también hace una observación: “Otros estudios interesantes que encontramos es el prendimiento de los padres cuando sus hijas quieren ser monjas Católicas. La tercera parte de ellos dijeron que les animaban a sus hijas a pensarlo bien, pensarlo muy bien acerca de su decisión.”

Eso es muy triste, ¿o no? Para todos los que estamos involucrados en la vida de la Iglesia sabemos que la vida religiosa es una gran vocación: que las jóvenes que entran a la vida religiosa tienen una vida plena y llena de retos y que sus oraciones y servicio hacen una diferencia positiva en la Iglesia en todo el mundo.

Pero el desgano de los padres para animarlos a una vocación religiosa es un fenómeno triste al cual nos estamos enfrentando, y el reclutar las vocaciones al sacerdocio también lo es. Es muy común encontrar jóvenes que están pensando en entrar al seminario pero sus padres se oponen y los desaniman.

Miren, existen muchas razones para promover las vocaciones sacerdotales, y es un desafío para la iglesia hoy en día, especialmente en esta parte del mundo.

Primero porque hay menos niños y pocos jóvenes. Las familias católicas son más pequeñas, las escuelas se están cerrando o se están combinando, la fuerza de trabajo está envejeciendo, por lo menos en algunas partes. Parece que los padres que tienen pocos hijos no quieren que se vayan al seminario o al convento.

Estamos viviendo en una sociedad radicalmente secularizada donde las cosas espirituales o religiosas están siendo detenidas. En esta cultura hedonista, secularista y materialista ojala prospere una fe religiosa para que no se considere una rareza. Existe muy poco apoyo para estos jóvenes que quieren entregar su vida al Señor. (El reporte de las hermanas dice que los padres se oponen a que sus hijas entren al convento porque creen que para ellas va a ser un sacrificio”.

La falta de participación de la vida en la Iglesia es un gran factor para la falta de vocaciones. ¿Cómo puede un joven pensar en servir como monaguillo si sus padres nunca van a misa; si sus familiares han abandonado la iglesia y solamente asisten en ocasiones especiales como bautismos, bodas y funerales?

La misma iglesia es culpable de la falta de vocaciones sacerdotales. El número de escuelas católicas ha disminuido; nuestros programas de catequesis no han sido muy eficientes; las liturgias se han tornado tontas y confusas, sin ningún ingrediente sacramental como si no fuéramos católicos; y nuestros sacerdotes y obispos se ha portado mal dándoles motivos a los jóvenes para que no sigan sus pasos.

En este contexto, es extremadamente difícil para un joven escuchar y responder al llamado de Dios. Hay mucho ruido, muchas distracciones y muy poco apoyo. Robert Cardinal Sarah, en su libro escribe, O Dios o nada, el escribe de esta manera, ¿Cómo no vamos a sentirnos tristes porque muchos jóvenes están dudando del llamado de Dios? “Ven y sígueme” Dios todavía sigue llamando a muchos jóvenes; son los jóvenes que ya no saben escuchar”.

Nos damos cuenta que los padres están indecisos y que no motivan a sus hijos a que quieran ser sacerdotes y muchos de ellos se oponen cuando toman la decisión de serlo. Pero la verdad es que el papel de los padres es ser “directores de vocaciones” es algo fundamental. En su carta acerca del sacerdocio el Santo Juan Pablo decía que, “La familia es verdaderamente una iglesia doméstica, y siempre ha ofrecido condiciones favorables cuando se trata de vocaciones…y que la familia debería ser el primer seminario donde los niños adquieren conocimiento de la piedad, la oración y amor por la iglesia.

Toda familia que se dice católica debería motivar a sus hijos e hijas a que recen y sirvan la iglesia, en el sacerdocio o en la vida religiosa. Y si son llamados y califican, sus padres deben de apoyarlos con alegría en su viaje. Yo pienso que está muy mal que los padres desanimen a sus hijos a que oigan el llamado del Señor. ¡Que arrogante es decirle no a Dios; que arrogante es taparnos los oídos cuando Dios nos está hablando!

Las vocaciones religiosas, ¿requieren sacrificio y generosidad? Claro que sí, pero es una condición para seguir a Cristo a cualquier edad.

“El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”, (Mateo 16-24 Jesús lo dijo muy claramente. Pero también es un llamado noble, una profesión de respeto y una fuente de alegría y satisfacción.

Que todos los miembros de la Iglesia en la Diócesis de Providence, y esto incluye a los padres, acepten con disponibilidad y alegría, “la gracia y la responsabilidad de abrazar las vocaciones”.

En la comunidad Católica siempre ha sido un gran privilegio ser el padre de un sacerdote o una monja. Todavía lo es.