Editorial

Una persona debe reconocer sus faltas para comenzar el proceso de perdonar

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na encuesta reciente dice que solo el dos por ciento de Católicos Norteamericanos practican el Sacramento de la Confesión regularmente. Un 75 por ciento dicen que nunca lo han hecho. Los Norteamericanos con genio de autonomía han sembrado semillas también y ha contribuido a un relati-vismo y la modernidad y se ha expendido tanto que tienen una anestesia por el pecado, algo que los cristianos no esperaban.

Cuando el Papa Francisco inauguró el Año Santo de la Misericordia en el año 2016, él estaba al tanto de esta realidad problemática, no solo con los norteamericanos sino con la Iglesia en general. Si nosotros los católicos verdaderamente comprendiéramos la fuerza que tiene este sacramento y la inmensidad de libertad que nos trae, no lo practicarían solo en ocasiones, correrían a practicarlo mas seguido. Una persona debe reconocer sus faltas como primer paso. San Juan nos dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos estamos engañando a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”. Juan 1-8. El reconocer que somos pecadores es el primer paso pero no es suficiente.

Es más importante que el individuo ponga su mirada en el Padre de misericordia que no desea más que sus hijos se reconcilien con él, eso es lo que más le importa a Dios. De allí para allá habrá gozo. Hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepienta que por 99 justos que no tienen necesidad de penitencia.