La Imitacion de Cristo

“El que se exalta a sí mismo…”

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En una de sus homilías en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco dijo que “no hay humildad sin humillación. Si no puedes soportar algunas humillaciones en tu vida, no eres humilde”.

¿Humillación? He estado allí, he hecho eso.

Hace años, cuando era un joven sacerdote, solía jugar racquetball. Jugué mucho y fui bastante bueno, bueno, eso creía yo. Un día, un sacerdote amigo mío, compañero de recquetball, dijo que tenía una amiga, una mujer joven, que realmente quería jugar al racquetball conmigo. “Por supuesto”, le dije. “Eso será divertido y me lo tomaré con calma”.

Todo fue una trampa. Lo que no sabía, y lo que mi “amigo” sacerdote no mencionó fue que esta joven era la Campeona Estatal de Racquetball para Mujeres. No tuve oportunidad. Su forma de jugar fue irrecuperable y creo que en dos juegos anoté un solo punto miserable, probablemente porque ella me dejó. Y, como era previsible, mi amigo sacerdote apareció con una cámara para grabar el triste espectáculo.

“No hay humildad sin humillación”, dijo el Papa. Ese día crecí en humildad.

El hecho es que la humillación puede afectarnos de diferentes maneras y si se acepta con hones-tidad y gracia, es bueno para el alma. Podemos ser humillados por la vergonzosa admisión de nuestros propios pecados; por nuestros vergonzosos fracasos públicos; por el reconocimiento de que no tenemos el control de todas las circunstancias de nuestras vidas; al darnos cuenta de que algo que creíamos firmemente que era verdad resultó ser falso; por la traición de una vez buenos amigos; y por algunos hechos tontos y vergonzosos del pasado, cuyo recuerdo nos hace sonrojar incluso hoy.

Muchos santos experimentaron humillación y les ayudo a crecer en paciencia y santidad. “Es el hombre humilde a quien Dios protege y libera; Es el humilde a quien ama y consuela. Porque después de su humillación, Dios los elevara a la gloria”, escribió Thomas á Kempis en la imitación de Cristo.

Por su puesto, nuestro último modelo a seguir en la humillación es Jesús. Fue traicionado, acusado falsamente, azotado, burlado, escupido, crucificado entre criminales y enterrado en una tumba prestada. Pero debido a esta humillación, Dios lo exalto y se convirtió en la fuente de salvación para el mundo.

Algo para pensar: ¿Has tenido momentos de humillación en tu vida? ¿Cómo lo manejaste?